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FIESTA DE NAVIDAD

 

La tarde del domingo pasado, 15 de diciembre,
los ENSLEON, nos lo pasamos muy bien. Llegó, como viene siendo habitual desde
hace unos años, la fiesta de Navidad. Y todos los Equipos lucieron sus grandes
recursos artísticos para poner en escena la alegría que llevan dentro. Hicieron
verdad aquello de que la Navidad es sonrisa, es cariño, es alegría, es
cercanía, es compañía.
Todo estuvo bien preparado porque saben a lo
que van. El principal protagonista centró la atención: el niño Dios. Jesús, que
va a nacer, lo hicieron presente. Rezando, cantando y alabando. ¡Y cómo no iba
a estar allí! Un niño va donde le dan cariño. Y allí le dieron cariño. Y allí estaba.
Con su presencia de niño Dios todo tenía que
salir redondo, porque todos miraron con los ojos de mirar de cerca, de sentirse
queridos, de estar a gusto.
Juan y Angelines, Viti y Elvira, Encarnita y más y más
fueron redondeando las distintas actuaciones.
Precioso poema de Chonita, muy sentido por Mª
Victoria en su lectura (¡ánimo equipo 1, os sentimos allí!).
Villancicos a su estilo del equipo 2, con
textos que tenían que buscar porque a alguno es como si se le hubiera esfumado ¡eh,
Miguel Angel!, pero aparecieron al final.
El Equipo 4, muy armónico y lleno de gracia
-¡cómo nos reímos!- pusieron en escena una obra en tres actos que resultó,
según medición del aplausómetro, de excedente calidad. Primer acto:
¡¡despertad, que sois de equipos!!, cualquiera no lo hace con el ruido que
portaba Teodomiro. Segundo acto: ¡Y Jesús, qué haría!, con variadas
intervenciones de los distintos artistas porque se habían estudiado el
pensamiento divergente, pero el profe Teodomiro no dejó que se fueran por las
ramas. El tercer acto: ¡líbrame de las ataduras!, fue todo un espectáculo su
puesta en escena, pero nuevamente tuvo que ser el maestro Teodoro, quien con un
tono musical hubo de traer a la partitura a quienes querían ir por libres.
El Equipo 5 unió sus fuerzas al 12 y bien
vestidos para la ocasión con grandes trajes de pastores y de fiesta hicieron lo
que nunca puede faltar: recordar que al ángel se apareció a los pastores y
fueron a llevar sus presentes al niño Dios. Como algunos de esos presentes aún
el niño no podía comerlos, otros niños más grande dieron razón de su buen
sabor. Eso nos dijeron, al menos.
El Equipo seis, a las órdenes de un
acordeonista de excepción, sacaron a los peces del río y los quisieron traer a
tierra firme. Nos contaron que gracias a la tecnología alemana han conseguido
que vivan fuera del río, llevan unos meses probando y ya han conseguido buenos
resultados. Les llaman “los peces ens”, que corresponde a unas siglas en alemán
que no pudimos entender. Trataremos de informarnos más y quizás informemos más
adelante de su ADN.
El Equipo siete, como venía frío quiso
prepararnos un magosto.  Con mucho
cuidado porque el terreno estaba muy seco, preparó un enorme fuego, bien
controlado, donde pusieron cientos de castañas, porque, decían ellos, que a nadie
de falten sus castañas. Y repartieron y repartieron…y cantaron y cantaron…no paraban.
Fartucos quedamos porque ya se sabe que muchas castañas dificultan el tracto.
El Equipo ocho, vamos a decir que lo bordó. Y
no porque quienes hacen esta crónica sean muy amigos de ellos, sino porque llegado
este momento el plausómetro se rompió literalmente. Era tal la entrega del
tendido que a punto estuvo de lanzarse a la plaza, debiendo la autoridad tomar
medidas para mantener el orden. Es difícil transmitir en tan pocas líneas la
bondad de sus intervenciones. Pero, nos hemos enterado que fueron a dar clases
particulares a la mejor escuela de arte del mundo, que se encuentra en la
ciudad italiana de Roma, donde, se dicen, que son los más teatreros. Quien
tenga interés de aprender pueden hablar con ellos porque nos han dicho que
están pensando en poner una academia en nuestra Ciudad. Bueno, el asunto fue
que querían cenar y esperaban a Jesús y no llegaba y se armó un pequeño lío. Es
más, luego cantaron que los Reyes magos sólo son tres, porque alguno creía que
eran seis. En fin, un lío que no sé cómo pudieron salir de él. Sí se, gracias a
sus tablas y a la finura de una tal Josefina.
El Equipo nueve, con una rana presumida, hablaron
bonito y cariñoso al niño Dios. Y le cantaron y le adoraron. Y todos quedamos
con la boca abierta. Dijeron que habían aprendido en La Scala de Milán. Se
notaba.
El Equipo diez, ¡¡hay el equipo diez!!, salió
a saludar, les fotografiamos y se unieron a la representación del equipo ocho,
porque unas bebidas frías de última hora dejaron tocadas sus cuerdas vocales y
no era posible ponerlas en el tono que tan alta representación demandaba. Les
aplaudimos y mucho y veremos su representación en otro momento. Porque sabemos que
tienen un programa de actuaciones donde no les queda libre ni un solo día de
este mes de diciembre.
El equipo once puso broche de oro al
espectáculo. Son como ángeles caídos de cielo, niños que con sus grandes
melenas y sus ropajes al aire, enseñando en ocasiones sus pañales, pusieron voz
angelical a esa hermosura de canción que nos llevó directamente a las nubes.
Tan es así que todo el público levantado, fuera de sus sitios  y elevado hasta el techo fuimos reproduciendo
de nuevo la misma canción. Literalmente, estábamos fuera de nosotros mismos. En
una nube, en el cielo, flotando, flotando, cantando, cantando….
Pero, ¡¡zas!!, se acabó. Bajamos del limbo y
nos fuimos a cenar.
Esto es lo que nosotros vimos y así lo
contamos. Quien crea que exageramos, que estamos fuera de nosotros mismos, o
que no vieron nada de lo que nosotros vimos, le regalamos unas gafas que tenemos
para ver las cosas así, con cariño y con admiración. Nosotros las pusimos y resultan
extraordinarias. Quien quiera unas gafas de estas que nos las pida, las
regalamos.
Un abrazo

 

H y MN

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