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¡¡¡HASTA SIEMPRE AMIGO… Y GRACIAS!!!

 

El sábado 7 de octubre, por la tarde, nos sorprendieron de golpe con la tremenda noticia. Nuestro amigo el P. Fernando García había sido encontrado sin vida en el Pinar. Nos quedamos en sock, sin capacidad de reacción, no dábamos crédito a lo que escuchamos. Luego, la dramática realidad se fue imponiendo. Con tan solo 41 años, nuestro amigo Fernando era llamado por el Señor a su presencia. Y empezamos a recordar las muchas horas pasadas a su lado hablando de la Iglesia, de la gente, de la vida, de los proyectos e ideas que pusimos en marcha juntos, unidos  a otras muchas personas las cuales había conseguido reunir junto a él, a base de paciencia y humanidad.  Porque Fernando era un gran sacerdote, pero era una grandísima persona. Un amigo nuestro lo definió como: “Fernando es la mejor  persona que he conocido”.  Buen conocedor de los ENS, pues durante su época de seminarista participó en reuniones con el equipo 9 de Valladolid y con unos tíos que pertenecen a un equipo de Valladolid, comprendía  muy bien el Movimiento. Su profunda implicación con el matrimonio y la familia, desde la delegación de Familia y Vida de la diócesis, la cual presidía y guiaba con gran acierto, y donde no dejaba de pregonar la necesidad de una continua labor misionera en este campo. Su experiencia formativa en Roma la puso siempre al servicio de la ayuda a la gente.   Actualmente era rector de Seminario y tenía una capacidad de enganchar a los jóvenes seminaristas realmente extraordinaria, continuamente les exhortaba a llevar el Seminario a la calle y unirlo  con las personas. Las puertas siempre estaban abiertas a cualquier actividad diocesana que se necesitara. Había dejado un gran legado en la parroquia de Nuestra Señora del Pilar, con unos fieles que casi le veneraban. Era muy conocido fuera de la diócesis, pues era solicitado con mucha frecuencia por su facilidad para mostrar el Evangelio de forma amena y didáctica.

Todo esto se demostró en la misa funeral que se celebró en la Catedral donde, literalmente, no cabía ni un alfiler. Y donde fue agradable ver a una gran cantidad de jóvenes de ambos sexos, con quienes de una u otra forma había trabajado y que no podían reprimir las  lágrimas en su recuerdo. Los seminaristas afirman que se han quedado “huérfanos” y la diócesis de Valladolid ha sufrido un durísimo golpe, pero los que le conocíamos sabemos que Fernando quiere que sigamos trabajando y ese es nuestro objetivo, seguir adelante con la tarea que comenzó porque sería el mejor homenaje que podemos hacerle.  Lo único que tenemos que pedirte, Fernando, es que nos insufles desde el Cielo esa fe que  tenías y esa fuerza que sacabas, a pesar de tu delicada salud, de tu interior y con la cual hemos tenido la enorme suerte de compartir un trozo de nuestra vida. Ha sido un honor y un placer hacerlo, amigo, por eso no queremos despedirnos de ti, solo darte las gracias y pedirte que cuides de todos nosotros. ¡¡¡GRACIAS!!!

Conchi y Jesús

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