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LOS RESQUICIOS DE LA VIDA

 

Me choca. Un año seco. Y en la plaza de mi pueblo, entre adoquín y adoquín crece la hierba. Al verlo recuerdo aquello que dice Ernesto Sábato “a la vida le basta una grieta para renacer”. En medio de la sequedad, surge la vida. Y esto ocurre también en nuestra historia de cada día.

Es una sorpresa constante. Cuando hay cosas que parecen imposibles, se dan… Porque Dios está en lo más profundo de la vida, en las periferias, en los arcenes, aunque de vez en cuando los camineros limpian la hierba… Y vivimos el milagro día a día.

Dios se ha metido en lo más profundo de la vida, porque Dios ha derribado del trono a los poderosos y ha ensalzado a los humildes”. Por eso, si el mundo tiene arreglo es desde los pequeños, los débiles, porque Dios se ha caído ahí y actúa.

La hierba crece entre adoquines, porque hay humedad, aunque parece que no ha llovido. Dios siempre es agua en el fondo de las cosas y de la vida. En el mundo derribado, surgen las grandes obras.

Es cuestión de buscar esos resquicios de la vida, esas fisuras, esos fracasos para descubrir que la Vida surge.

Cuando vamos viviendo la fragilidad y llegamos a la ancianidad, caemos en los brazos de Dios… Y como los niños pequeños, que están llorando, el Padre nos mece y nos quita la tristeza y el dolor.

Hay que saber descubrir los resquicios de la vida y confiar en que de ahí surgen la hierba, los proyectos, las respuestas.

Es un fenómeno que veo a diario: personas impedidas, que van sobre sus sillas de ruedas; caminan, actúan… Y lo mismo percibo en el interior de la gente. Sobre los resquicios de su carácter, de sus debilidades, llegan a realizar maravillas cuando se les ayuda a descubrir sus posibilidades, por pequeñas que sean. Vemos que grandes músicos, pintores, escritores, han sido personas débiles, con grandes resquicios.

Si cada uno llegamos a descubrir esas grietas, entre fallo y fallo, aparece el genio y las maravillas que realiza.

En los enfermos, leprosos, heridos del evangelio…, aparece la confianza en Jesús y en sí mismos; y de ahí brota la curación: “tu fe te ha salvado”.

En momentos de duda, de interrogantes, de fracaso, es muy importante que surja la confianza, y rompe de nuevo la luz y la vida.

Gerardo Villar

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