home Sector Palencia-Salamanca ANDRÉS ANTOLÍN, SIEMPRE EN NUESTRO RECUERDO

ANDRÉS ANTOLÍN, SIEMPRE EN NUESTRO RECUERDO

El pasado día 23 de noviembre fallecía nuestro querido amigo y compañero de nuestro querido Equipo 15, durante más de veinticinco años, Andrés Antolín, por eso queremos hacer nuestras las palabras que, en su funeral, le dedicó nuestro Consiliario D. Antonio García Redondo

 

 

Andrés, amigo:

Hoy era tu cumpleaños.

 

Como cada año, lo previsto era quedar contigo

para felicitarte y celebrarlo, compartiendo lo que tú eras:

hospitalidad, cordialidad, generosidad, nobleza, amistad.

Eso en ti era lo natural, te salía fácil;

disfrutabas y hacías disfrutar.

¡Cuántos años lo hemos vivido!

 

Este año, en cambio, no es así,

un 24 de noviembre impensado.

Ayer, con pesar por tu parte, – lo sabemos -,

obligado por la enfermedad,

nos dejaste.

 

Hoy lo celebras con el buen Padre Dios.

Es buena compañía; la mejor.

Tú la estarás disfrutando,

y a nosotros nos consuela saberlo.

 

Pero, Andrés, nos has quedado tristes.

Has dejado un vacío en los tuyos,

sobre todo en Begoña, tu esposa y compañera durante tantos años,

en Jorge y en Borja, los hijos de tu amor.

Un vacío en Lomás, donde eras alcalde,

en tu casa, donde tu presencia será el amor y el recuerdo,

y en tantos amigos, que te hemos apreciado y querido.

 

Andrés, desde aquí, desde Lomas,

no sé si ya lejos o, quizás, muy cerca,

con los tuyos, todos juntos,

te decimos: GRACIAS.

 

Tu vida ha sido un don.

Begoña, Jorge y Borja lo saben muy bien;

tu gente de Lomas también,

yo también lo siento así,

y muchos más.

 

Gracias por ser como eras

y por habernos ayudado a ser un poco mejores.

 

El campo era tu pasión y tu vida;

has cultivado bien,

la cosecha ha venido un poco temprano

pero el fruto está maduro.

 

Gracias por tu entereza

en estas últimas semanas y días.

Si nos ayudaste a vivir,

nos has enseñado también a morir.

 

Ayer, por la mañana temprano,

cuando ya habías partido,

nos llegaba el último washap tuyo, con tu despedida;

nos decías:

Queridos familiares, vecinos y amigos:

He llegado al final de un camino,

y ahora empiezo otro distinto.

No me llevo otro equipaje

que el maravilloso recuerdo del tiempo

que hemos compartido.

Recibid todo mi afecto. Andrés

 

Gracias también a ti.

 

Ahora quiero poner en tu boca unas palabras,

que nos den paz y esperanza.

Si tú no las has escrito,

estoy seguro que las has sentido.

 

Son estas:

 

No sé lo que ocurrirá al otro lado,

cuando mi vida entre en la eternidad:

solamente estoy seguro que un amor me espera.

 

Sé que será el momento de hacer balance de mi vida,

tan rica y tan fecunda,

y, a la vez, tan pobre y tan sin peso,

pero más allá de cualquier temor,

estoy seguro que un amor me espera.

 

Todo lo que yo puedo hacer es creer,

creer con todas mis fuerzas,

que un amor me espera,

porque lo que siempre he creído,

lo creo aún más en estos momentos.

 

Y si veis que me tienta el miedo,

o que mis fuerzas flaquean,

por favor, recordadme sencillamente

que un amor, un amor me espera.

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