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TIPOS DE POBREZA

 

El pasado domingo 19 de noviembre y a instancia del Santo Padre Francisco, se ha celebrado la Jornada Mundial por los Pobres. Con ello, el Papa quiere hacer un llamamiento y una reflexión sobre una plaga que no parece no terminar nunca: la pobreza. En pleno siglo XXI, donde somos bombardeados continuamente por los nuevos avances tecnológicos que, en ocasiones, llegan a saturarnos, hemos olvidado que aún hay diariamente 900 millones de personas que no tienen ningún tipo de alimento y que otros mil millones malviven con apenas 1 euro al día. Mientras en nuestro opulento mundo occidental se derrocha y se tira comida en cantidades vergonzantes. Y como muy bien indica el Papa en el mensaje que ha dirigido con motivo de esta jornada, a los cristianos parece que se nos ha olvidado que el principal llamamiento que nos hace el Evangelio está dirigido hacia los pobres.  Convivimos con la pobreza, cuando no hacemos todo lo posible por taparla, como si fuera algo “normal”, dedicando quizá algún momento o una buena acción en forma de limosna para dejar nuestra conciencia tranquila, mientras las imágenes de la misma no nos produce ningún impacto dentro de la sobreinformación de temas que padecemos. Si no vemos la pobreza, es difícil ver a Cristo. En este mundo superindividualizado la llamada de auxilio de tantas personas que no tienen nada es ahogada en el griterío de la indiferencia. Todo esto tiene mucho que ver con la injusticia de tipo social que vivimos y sufrimos, con la acaparación de mucho en manos de muy pocos, la negación en muchos casos diarios de la dignidad humana, en muchos aspectos este tipo de pobreza es un negocio.

Pero, si importante es la pobreza material y física, son  aún más peligrosas y llamativas las pobrezas que no se ven, que no llenan imágenes impactantes, que viven escondidas en una ficticia felicidad; es la pobreza emocional y  es la pobreza espiritual que se convierten en un auténtico cáncer de nuestro tiempo. Esta pobreza es muy peligrosa, está agazapada en el interior de muchas personas que parecen tener cosas, pero que carecen del más mínimo sentido de afecto y proximidad, es la pobreza de los ancianos que no tienen lugar ni en su familia ni en la sociedad, es la pobreza de los niños y niñas que pasan solos muchas horas y que tienen los últimos adelantos digitales pero que carecen del afecto y compañía  de unos  padres/madres  que  están superocupados  y absorbidos por sus trabajos, es la pobreza de quién está solo  aunque puede tener miles de “amigos” en las redes sociales, es la pobreza de hombres, mujeres y niños que sufren diferentes tipos de esclavitud física y material,  son las pobrezas de aquellos que tienen el último adelanto tecnológico, pero no tienen una mano amiga en momentos de dificultad, es la pobreza de tanta gente que grita pidiendo ayuda y no recibe respuesta. ¿Cómo podemos llamarnos cristianos y hacer oídos sordos a estas pobrezas? Esto es lo que nos interpela el Papa con este día, mirar y ver todos los tipos de pobreza y ponernos manos a la obra en su ayuda y tratamiento, creando  auténticas comunidades cristianas de fraternidad y amor, pidiendo para ello como signo concreto  el rezo de la oración por excelencia de los pobres: el Padrenuestro. Tan sencillo, tan importante.

Conchi y  Jesús

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