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TIEMPO PARA CAMBIAR DE ACTITUD

 

MARCOS 13, 33-37

33 ¡Andaos con cuidado, ahuyentad el sueño, que no sabéis cuándo va a ser el momento!

34 Es como un hombre que se marchó de su país: dejó su casa, dio a los siervos su autoridad -a cada uno su tarea- y en especial al portero le mandó mantenerse despierto.

35 Por tanto, manteneos despiertos, que no sabéis cuándo va a llegar el señor de la casa -si al oscurecer o a media noche o al canto del gallo o de mañana-, 36 no sea que, al llegar de improviso, os encuentre dormidos.

37 Y lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: manteneos despiertos.

Este evangelio, para el comienzo del tiempo de adviento, nos invita a cambiar de actitud. Se trata de darnos cuenta de que el reino de Dios ya está entre nosotros, está dentro de nosotros. No se trata de que llegue nada ni nadie de fuera. Se trata de descubrir que el mismo Dios está en nosotros ya. Por eso decimos que hay que cambiar la actitud para tomar conciencia que ya tenemos dentro de nosotros la posibilidad de amar. El adviento es pues un tiempo para que cada uno de nosotros revisemos esa actitud de amor a uno mismo y a los demás. Porque eso es construir el reino de Dios.

Nos han parecido muy esclarecedoras las siguientes palabras de Fray Marcos, comentando este evangelio:

La religión me ofrece salvación, pero solo me salva de las ataduras que ella mismo me ha colocado. Dios es la salvación y ya está en mí. Lo que de Dios hay en mí es mi verdadero ser. No tengo que conseguir nada ni cambiar nada en mí auténtico ser, simplemente tengo que despertar y dejar de potenciar mi falso yo. Tengo que dejar de creer que soy lo que no soy. Esta vivencia me descentrará de mí mismo y me proyectará hacia los demás. Me identificaré con todo y con todos. Mi falso ser, mi individualidad, se desvanece.

El verdadero problema está en la división que encontramos en nuestro ser. En cada uno de nosotros hay dos fieras luchando a muerte: Una es mi verdadero ser, que es amor, armonía y paz; otra es mi falso yo, que es egoísmo, soberbia, odio y venganza. ¿Cuál de las dos vencerá? Muy sencillo y lógico. Vencerá aquella a quien tú mismo alimentes.

Como los judíos, seguimos esperando una tierra que mane leche y miel; es decir mayor bienestar material, más riquezas, más seguridades de todo tipo, poder consumir más… Seguimos pegados a lo caduco, a lo transitorio, a lo terreno. No necesitamos para nada la verdadera salvación o, a lo máximo, para un más allá. Si no sientes necesidad no habrá verdadero deseo, y sin deseo no hay esperanza. Hoy ni los creyentes ni los ateos esperamos nada más allá de los bienes materiales. También Dios sigue esperando.

 

Amigos de los equipos, estamos a tiempo de cambiar de actitud, este es el tiempo de dejarnos acariciar por el mismo Dios. Abramos los ojos a la VIDA. Y nunca perdamos la esperanza. Como en el siguiente video.

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