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NOCHEBUENA

 

Juguetes nuevos por todas partes, en la alfombra, en las sillas… Es la hora de la oración. Ninguna dificultad para reunir a los niños esta tarde. Porque sobre la chimenea está instalado el nacimiento – casi más interesante que los juguetes, sobre todo si hay unas velas que hay que encender.

El niño Jesús está sobre un poco de paja. Lo miramos, nos conmovemos. Se está bien juntos. Las persianas están cerradas, no oímos ya los ruidos de la calle. No existe nada aparte de este pequeño universo bien cerrado y bien cálido.

Este cuadro es conmovedor, por supuesto. Pero, ¡atención! Que la Nochebuena no sea contraria al misterio que pensáis celebrar. El Hijo de Dios vivo en el Amor, y la Gloria, y la Alegría infinita de la familia divina. El Hijo de Dios no pudo resistirse a la inmensa llamada del desamparo humano, y se hizo hombre, y se hizo compañero de miseria de todos los hombres. Tenéis mucha razón al reuniros alrededor del nacimiento, la noche de esta fiesta. Pero que vuestras persianas no amortigüen el grito de la miseria, que el calor dulce del hogar no os haga olvidar las noches frías y las casas sin calefacción, y los niños abandonados, y la gran ola con el gemido de los sufrimientos de los hombres.

¡Ah!, Bien lo sé, pensar en la inmensa miseria del mundo abruma. Y sobre todo cuando  no podemos hacer nada. Pero ¿seguro que no podemos hacer nada? Si solamente cada uno aprende a descubrir los sufrimientos que le rodean, socorrer según sus medios a su hermano desgraciado, muy rápidamente la desgracia sería menos inmensa. Pero mientras lloramos sobre la miseria del mundo, no sabemos ver la miseria próxima – ni siquiera sabemos ver lo superfluo nuestro.   Y si por casualidad, un artículo o un sermón remueve vuestra  conciencia, es sólo para ir a llamar a la puerta de un consejero tranquilizador. Un recuerdo: l’Anneau d’Or había publicado un artículo de P. Varillon sobre el espíritu de pobreza. Un mes después, una suscriptora de África me escribía: “A propósito del artículo de P. Varillon, ¿verdaderamente piensa usted que haya que seguirlo al pie de la letra? Como me turbó  la frase de san Basilio que decía: “Si tienes un par de zapatos de más, pertenecen al pobre que no tiene “, un confesor consultado me dijo que no había que tomarlo al pie de la letra…, al pobre posiblemente no le haga feliz tener un par de zapatos… sobre todo si tiene la costumbre de ir descalzo”. Y nos la imaginamos, tranquila, volviendo a su casa con paso alegre.

Navidad, ¿no sería la ocasión de invitar a vuestros pequeños a pensar en los niños pobres? Y hacer lo que su corazón diga. No esperéis, creerme, para hacer que vuestros hijos adquieran  el sentido de la miseria: el corazón humano se endurece rápidamente.

Henri Caffarel

L’Anneau D’Or, Numéro 66 –  décembre 1955 – page 529

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