VILLAGARCIA 2018

 

“Jesús no tiene ningún sitio donde descansar:no descansa en lo exterior;su morada preferida es nuestro corazón. No lo tengamos convertido en cuarto trastero, lleno de cosas inservibles”

 

Hay momentos de la vida en que el matrimonio tiene que pararse, ponerse cara a cara con Dios y preguntarse: ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Sabemos lo que hacemos con nuestra vida? Para responder a esas preguntas y seguir los consejos del P.Caffarel, hemos hecho uso voluntario del punto de esfuerzo que son los ejercicios espirituales (E.E)acudiendo a Villagarcía de Campos un grupo de matrimonios y viudas pertenecientes a ENS, así como un nutrido grupo de jóvenes parejas con inquietudes, que han respondido amablemente a esa llamada del presente curso: “Id a todo el mundo”. Para que este encuentro con Jesús fuera más fructífero, Dios se ha valido de la imprescindible ayuda de un buen intermediario en la persona de Fray Luis Miguel García Palacios, O.P. La buena predisposición que se les supone a los asistentes, unida a la facilidad con que el director del retiro pueda transmitir su mensaje, conforman una alta probabilidad de convertir el encuentro en algo muy provechoso.

Porque somos de carne y hueso, y no hay nada que nos obligue a tener sensaciones idénticas, todo lo que se manifiesta en la presente reseña es fruto de la reflexión particular de nuestro propio matrimonio. En todo caso, estamos muy satisfechos de haber regresado más felices que cuando salimos y, sobre todo, y ante la constante preocupación por la falta de matrimonios jóvenes en los ENS, de haber podido constatar la sincera satisfacción que mostraban esos jóvenes que nos acompañaron, aunque fuera un corto espacio de tiempo. Si Dios quiere que algunos operarios nos ayuden a recoger la mies, seguro que vendrán.

Comenzó el director advirtiendo que no iban a ser unas charlas de corte “ignaciano” ni “dominicano”, sino unos (E.E.)“made in Fray Luis Miguel”,a los que él llama “cosas”, exclusivos para matrimonios.

El eje central del retiro consistía en hacernos ver el lugar que ocupa Jesús Nazareno en nuestro matrimonio. Para ello se valió de algunos pasajes de la Biblia (el encuentro de Jesús con Zaqueo, o la familia del hijo pródigo), terminando con la aplicación práctica de estas enseñanzas a la construcción de la casa del matrimonio con unos cimientos que garanticen su estabilidad, pero sin olvidar ningún detalle de su decoración.

Lo particular del método reside en ir lanzando al auditorio esas “cosas” envueltas en un lazo gracioso que siempre provoca la sonrisa del oyente – algunas veces la carcajada-, pero que guardan en su interior una sacudida eléctrica que te hace ver muy claro aquello que nunca habías advertido, y que a la vez, sirve para rascar esa capa de monotonía y aburrimiento que todos llevamos encima. Cada maestrillo tiene su librillo pero, en este caso, nosotros pensamos que ha sido muy efectivo, hasta el punto de comprobar lo rápido que pasaba el tiempo y la sensación de que el tema invitaba a la pareja a seguir comentándolo en privado. Entre las muchas “cosas” que lanzó al aire, y para no hacer excesivamente farragoso este comentario, nos hemos permitido apuntar las siguientes:

  • A quien se encuentra con Jesús, le cambia la vida.
  • ¿Cuál ha sido mi conversión? Dios te quiere como eres. Por mucho que le hayas ofendido, sigue con los brazos abiertos.
  • Sigamos a ese Padre que sale todas las mañanas a nuestro encuentro y no busca nuestras explicaciones
  • La diferencia entre los dos hijos de la parábola está en que el pródigo vuelve arrepentido y el mayor parece decirle al padre: ¡para mí, has muerto!
  • Los (E.E.) no son ni un tratado de Teología, ni un tiempo triste, ni un descanso; son un tiempo que Dios nos regala.
  • Para hacer E.E. hacen falta tres ingredientes: Dios, silencio y oración.
  • No es necesario parecer ministros de Dios para dar testimonio de Él; basta con relatar cómo hemos visto andar a los paralíticos, ver a los ciegos, quedar limpios los leprosos, etc.; es decir, no seguir a otro Jesús distinto.
  • No hay vida cristiana sin comunión –común unión-. Por eso no debemos minusvalorar la Eucaristía, fijándonos más en el exterior del copón que en el interior.
  • El matrimonio es una obra de construcción perpetua en la que, además de nosotros, interviene el Dios que se nos ha revelado -que es al mismo tiempo padre y madre-, lo que me obliga a portarme como un buen hijo.
  • El matrimonio tiene necesidad vital de la oración, unida a tres elementos indispensables: escucha, diálogo y comprensión.
  • En nuestra familia y en nuestra sociedad debemos ser portadores de la esperanza. Pero de una esperanza basada en algo bueno, posible, lejano y costoso.
  • Para mostrar a Cristo con los colores apropiados, los cristianos debemos emplear 7 colores:
    • Fe sincera para fiarnos de Jesús y decirle sí.
    • Esperanza activa y templada que nos mueva a hacer algo
    • Comprometidos con la verdad, es decir, ser auténticos.
    • Sencillez evangélica: considerar importante a Dios y “al otro”
    • Ser expertos en humanidad, bajarse a la arena.
    • Tener la humildad y la normalidad del grano de trigo, capaz de dar fruto escondido bajo tierra.
    • Amor, que es el último toque, la tonalidad de la casa de nuestro matrimonio; porque el Señor no nos juzgará por lo que hemos sido, sino por lo que quisimos ser.

Hemos dejado Villagarcía y ahora nos toca habitar la nueva casa. Para que no se deteriore, y para corresponder a ese Padre que nos ha facilitado los materiales, debemos estar muy atentos a las labores de mantenimiento, por dentro y por fuera.¿Cuál de los dos hijos queremos ser? ¿El pecador, arrepentido; o el mayor, egoísta y carente de amor? De nosotros depende, porque somos libres.

Neme y Paco .- Equipo 16

 

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