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HE VISTO A JESUS RESUCITADO

María Magdalena se queda sorprendida porque no encuentra el cadáver de Jesús. Y experimenta entonces que Jesús está vivo. Esto me ocurre a mí. Me he preguntado hoy dónde le puedo encontrar vivo. He dado en mi vida muchas vueltas intentando encontrarle en lo sagrado. Pero no acabo de dar con Él… Me he quedado muchas veces en imágenes, ritos, mandamientos. Resulta que lo he experimentado al celebrar las celebraciones de esta semana en pueblos pequeños.

Aquí está mi labor de creyente. Jesús me lo indica: “tengo que volver a Galilea para verle, recordando y presenciando su vida, palabras, hechos…”

Pero volver a Galilea con la experiencia de que muchas cosas que he vivido, he creído, he practicado, hoy no me descubren a Jesús.

Puedo leer el Evangelio, pero leyendo a la vez el periódico y descubriendo la presencia y la acción de Jesús en la vida. Vengo de celebrar La Semana Santa en unas parroquias y en una de ella hay un centro de acogida a peregrinos. Con qué cariño, delicadeza, amor, respeto…. Me decía uno de ellos “para mí este lugar es sitio de encuentro con Jesús” La oración al atardecer es una auténtica experiencia de Emaús.

Me ha resultado fácil comentar con los cristianos los pasajes del lavatorio. Nos hemos puesto un delantal y hemos celebrado todas las ocasiones de nuestra vida en la que tenemos actitud de servicio. Y una abuela me dice” yo hasta tres delantales me pongo al día para que no se manchen. “iCómo subían al templo con silla de ruedas, ascendiendo por una cuesta pina! Pero la alegría de verse las veinte personas del pueblo para rezar a su estilo juntas, valía la pena.

Y una joven con discapacidad intelectual me dice “me has dado delantal, pero quiero otro para mi hermano”.

Voy encontrando no ya el cadáver muerto, sino a Jesús vivo hoy. Una madre me ha contado que al hijo suyo le habían detectado un cáncer y estaba toda apesadumbrada…

Ahora que vuelvo, me doy cuenta de que ya he encontrado no los restos del cadáver sino la Presencia vida y vivificante de Jesús. Porque hemos conseguido no cantar ninguno de esas canciones tremendistas “no estés eternamente enojado, Amante Jesús mío…” y hemos celebrado nuestro seguimiento de Jesús.

Ya sé la receta para encontrar a Jesús: volver a las personas sencillas del pueblo, a las celebraciones familiares, a la amistad, a la cercanía con los débiles.

Y una cosa importante: “hemos visto al Señor”. Necesito ir en su búsqueda en compañía, releer juntos el evangelio, orar juntos con creatividad. Jesús se manifiesta donde dos o más se reúnen en su nombre.

Ha resucitado el Señor y lo he visto.

 

Gerardo Villar

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