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En serio, ¿qué ganas?

Nadie te dice que no te puedas divertir, salir de fiesta con los amigos, bailar, escuchar música a tope y disfrutar de todo lo que la vida te ofrece, que es mucho. Eres joven, apenas hace unos cuantos años que te dejan salir hasta tarde, o quizás ya hace unos cuantos que conseguiste el permiso, incluso puede que estés en los primeros años de salir sin permiso de nadie. Así que la noche es tuya, y a darlo todo.

Pero ¿qué ganas bebiendo hasta que no puedes más? Vale, no te metes cosas fuertes, sabes que eso te hace daño y tienes madurez. Más que algunos. Pero ¿y el alcohol? ¿te parece sano no recordar lo que hiciste, acabar la noche vomitando en cualquier sitio? Quizás te sientes más desinhibido, más libre. Más dispuesto a hacer las locuras que no te dejan o no puedes hacer durante la semana, durante el curso. Necesitas desfogarte, romper con la rutina, hacer un poco el tonto. Casi demostrarte a ti mismo que tu vida no es tan aburrida como parece… ¿Te has parado a pensarlo de ese modo? ¿Por qué necesitas desfogar de esa forma? ¿Por qué es la única que te satisface? Si es que realmente lo hace. Porque seguro que más de una vez has jurado que es tu última resaca. O te has levantado al día siguiente, has mirado las fotos antes de apresurarte a borrarlas, o leído los mensajes que has mandado y has pensado ¿qué saco yo con esto?

Y es que el problema no es que bebas. Ni siquiera que te emborraches. El problema son las consecuencias. La despreocupación por lo que viene después, cómo te deja y qué te hace sentir. Porque el vacío seguirá ahí, y querrás seguir llenándolo. Y cuando hablamos de alcohol, hablamos de la peor droga, la que peores consecuencias tiene para ti, pero también para tu familia, amigos, salud… Y además es legal. La que más fácil tienes para acceder.

Plantéatelo. No es inofensivo, aunque te lo pueda parecer. Pero, aunque te lo parezca, y ese argumento no te sirva, pregúntate el porqué de lo que haces. Por qué se te hace necesario, por qué no es igual si no lo hay. Por qué antes de salir a la calle ya intentas haber bebido algo, porque necesitas ir bien cargado y no te puedes pagar todo lo que quisieras. Dedícate un rato a pensarlo: ¿qué gano bebiendo hasta el límite cada vez que salgo? Y piensa en lo que pierdes. Así al menos la siguiente vez que lo hagas, al menos serás un poco más consciente, un poco más libre.

Nota de la redacción. Quizás esta reflexión puedas hacérsela llegar a algún joven cercano a ti que esté retratado en este panorama. ¿Por qué tanto alcohol?

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