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LA IGLESIA

Hemos oído últimamente decir que lo que antecede al abuso sexual es el abuso de poder. Y ese abuso está desangrando a la Iglesia. El daño ha sido y es enorme. En nuestra Iglesia esto parece claro. Durante años la jerarquía de la Iglesia tenía un poder innegable en los pueblos y también entre las personas con una cultura muy pobre.

No creemos que esto sólo suceda en nuestra Iglesia, sino también en otras o en lugares donde se ejerce un poder del tipo que sea… la falta de formación trae consigo una fe irracional y fanática muchas veces.

No habrá forma de superar esta crisis sin desinfantilizar la fe de la Iglesia. Y no sólo nos estamos refiriendo a los laicos, también sacerdotes, obispos, frailes y monjas viven esta fe de niños.

Incluso se oye a menudo que hay que esperar a ver qué dice el Papa. Pero no olvidemos que el Papa es una persona, que no puede hacerlo todo. Nos queda a nosotros levantar la voz y denunciar lo que veamos mal. Y no quedarnos en eso. Hemos de trabajar para que nuestra Iglesia se vaya haciendo adulta. Si esperamos todo del Papa es que desconfiamos de la Iglesia y de los que la formamos.

A veces vemos a sacerdotes que se van posicionando para “ascender” a obispos. Es muy triste ver como comulgan con ruedas de molino para “ascender”, cuando lo que deberían hacer es “descender”, hacerse servidores. Necesitamos obispos que sean de la zona, que conozcan a sus “ovejas”. Seguramente sería gente desconocida, pero cercana a los de su Iglesia, a la que conocen y por la que trabajan. Serían obispos valientes e independientes, que poco a poco irían renovando la Iglesia desde dentro. Pero creemos que aún falta mucho para conseguirlo. Aunque es fundamental que no perdamos la esperanza.

Un abrazo

Huellas

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