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¡ASÍ SE EMPIEZA!

Casi pasó desapercibido en los medios de comunicación, pero algunos se hicieron eco recientemente de que desde la institución eclesial católica se acaba de sugerir la vuelta de curas casados a sus comunidades.

Dada la trayectoria de los tiempos posteriores al Vaticano II, en los que todo ha sido dejar de lado esta vivencia matrimonial al servicio de la Iglesia, resulta sorprendente. Lo cierto es que, en esta ocasión, se ha expresado por escrito en el Instrumentum laboris de la Asamblea Especial para la Región Panamazónica del Sínodo de los Obispos (6-27 octubre 2019).

En el apartado a, del número 129, del capítulo IV sobre la organización de las comunidades, se sugiere lo siguiente:

1

Promover vocaciones autóctonas de varones y mujeres como respuesta a las necesidades de atención pastoral-sacramental; su contribución decisiva está en el impulso a una auténtica evangelización desde la perspectiva indígena, según sus usos y costumbres. Se trata de indígenas que prediquen a indígenas desde un profundo conocimiento de su cultura y de su lengua, capaces de comunicar el mensaje del evangelio con la fuerza y eficacia de quien tiene su bagaje cultural. Hay que partir de una “Iglesia que visita” a una “Iglesia que permanece”, acompaña y está presente a través de ministros que surgen de sus mismos habitantes.

2

Afirmando que el celibato es un don para la Iglesia, se pide que, para las zonas más remotas de la región, se estudie la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable, con la finalidad de asegurar los Sacramentos que acompañen y sostengan la vida cristiana.

3

Identificar el tipo de ministerio oficial que puede ser conferido a la mujer, tomando en cuenta el papel central que hoy desempeñan en la Iglesia amazónica.

Este documento preparatorio es mucho más amplio, toca muchos más aspectos de la vida de la Iglesia que peregrina en la «Región Panamazónica», es mucho más rico en matices. Este punto es uno más, pero, quizá, por la trascendencia que tiene «tocar» los cargos de responsabilidad de la institución, su importancia estructura un nuevo modo de ser y actuar en la Iglesia: «Identificar el tipo de ministerio oficial que puede ser conferido a la mujer» y la «ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable».

Así se empieza, desde luego, así se empieza, atendiendo unas necesidades particulares, respondiendo a las demandas de la base, abriendo, aunque sea tan tímidamente, las ventanas a los nuevos tiempos, con nuevas realidades… y se termina ordenando a cualquier persona que sea elegida por la comunidad.

Aunque allí mismo se dice, textualmente que estas sugerencias «recuperan aspectos de la Iglesia primitiva cuando respondía a sus necesidades creando los ministerios oportunos (cf. Hch 6,1-7; 1 Tim 3,1-13)».

Parece que lo mejor para adaptarse a los nuevos tiempos es volver a la raíz. Sí, ¡así se empieza!… de nuevo.

César Rollán Sánchez

ECLESALIA

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